miércoles, 18 de octubre de 2017

Puedo respirar

No voy a soltar la típica frasecita que últimamente escucho - leo - tanto, sobre que estoy cumpliendo mis sueños. En absoluto estoy haciendo realidad mis planes de futuro, para nada estoy donde esperaba estar a mi edad, no estoy avanzando pasito a pasito hacia mi sueño vital.

Y a pesar de todo eso estoy, por primera vez desde los dieciséis años, feliz. No por nada en concreto. No es alegría de vivir ni hay nada a mi alrededor que justifique este cambio de actitud. No pasa nada de nada. Y aún así, por primera vez desde que estaba en el instituto, me siento distinta. No han desaparecido los problemas y me faltan dedos en las manos para contar todo aquello que me va mal o, por lo menos, que no me va del todo bien. Y aún así, lo siento. 

Cuando tenía dieciséis todo a mi alrededor se nubló. Aunque las cosas se arreglaran y el tiempo pasara, todo se mantenía nublado. Aunque no estuviera especialmente triste, me pasé seis años con un sentimiento de vacío en mi interior. Sentía cosas parecidas, tal vez y sin diagnosis real, a una especie de agorafobia (muchos la reconocerán ya sea por lectura, cine o porque una aspirante de Cámbiame también la tenía). Cada vez que salía de casa, sentía miedo y tenía que volver. Participar en reuniones sociales era desgarrador, acompañado esto a mi carácter introvertido - nada negativo ni extraordinario pero que sumado a la niebla de mis ojos resultaba complicado - convertía cada día en un desafío que me dejaba exhausta cuando llegaba la noche. Lo más gracioso, todo el mundo considera que soy bastante buena en las relaciones públicas. Al menos el sacrificio tiene su recompensa.
Vivía con la constante sensación de lo que yo describo como "llevar una bolsa de plástico en la cabeza". Sentimiento de asfixia, los oídos taponados. Etc.

Pero ahora, hay algo distinto. No se muy bien qué es, como digo, los problemas no se han ido y en frío no tengo motivos para sentirme tan bien como lo hago.
Pero ahí está. Tengo ganas de reírme pero las de verdad. Siento como si me hubiese deshecho del peso que destrozaba mi espalda, como si me hubiesen quitado la bolsa que tapaba mis ojos y como si el mundo nublado empezase a despejar.

Siento algo muy raro, puedo respirar. 



Imagen: tumblr






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