- La escojo a ella. He tomado una decisión. Es lo que querías, ¿no estás orgullosa?
- Sí, has tomado una decisión. Y te voy a decir lo que conlleva: ya no podrás acudir corriendo a mí. Ni con tus problemas, ni por amor, ni por necesidad. Ni tristeza o enfado, ni siquiera cuando tengas ropa sucia y no te toque lavarla. Nunca más podrás acudir a mí. Nunca.
martes, 30 de septiembre de 2014
36 días
El estrés te mata por dentro y necesitas escribir. Tienes ganas de desahogarte con alguien pero la única persona que puede absorber tus quejas como una esponja ya no está disponible, y no puedes ponerte a gritar como una loca o saltar hasta romper el suelo porque eso lo hará peor.
Si te pones más nerviosa lo harás peor, porque nada se arreglará hasta estar tranquila, y nunca te habías pedido algo tan difícil de cumplir. Tienes hasta sueños recurrentes que te hacen ver lo mucho que necesitas tranquilidad y lo complicado que va a ser encontrarla. No puedes. Es sencillamente imposible. Relajarte en este momento suena a chiste, y aunque intentes estar calmada frente al espejo sabes que por dentro cada vez tiemblas más.
Te tomas un café, te pones a escribir, pones música lenta y te quitas los zapatos. No haces planes, piensas de qué color te vas a poner el pelo y miras de reojo la cama sin hacer y el desastre que es tu habitación (¿una metáfora de tu vida? Puede). Intentas alejar de tu mente esas imágenes que dan tanto miedo, esos flashes desesperados e hipocondríacos.
No sabes lo que te va a pasar, todo está mal, algo falla dentro de ti y no sabes lo que es. Hay tantas posibilidades que te abruman, pero confirmar la más temida es lo último que quieres.
Sólo te queda esperar a que se arregle sólo, como has hecho toda tu vida, mientras evitas tirarte de los pelo y escribes para echar fuera esos negros augurios.
Con la salud no se juega.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
