sábado, 30 de agosto de 2014

Rebeldía artificial (2)

Yo también quiero ser rebelde. Yo también quiero hacer cosas que fastidien a mis padres. Marcharme de casa a una hora y no volver hasta el día siguiente. Beber, fumar, faltar a clase, tatuarme, hacerme mil piercings, teñirme el pelo, poner la música alta, meterme en una pelea, ponerme ropa rota, robar, correr por la calle por la noche, caminar sola por barrios peligrosos, insinuarme a hombres mayores, liarme con una mujer, maquillarme de negro, gritar al primero que se cruce conmigo.

Pero todo con la seguridad de que no me pase nada y seguir viviendo tranquila y sin problemas.

Porque soy una rebelde de capricho. Una patética niña de papá. 

Rebeldía artificial

- Sé cómo eras. Upper West Side. Edificio con portero. Esquí en Jackson Hole. ¿Me equivoco?

- ¿Quién te lo ha dicho?

- Nada, mi trabajo era encontrar chicas como tú. Tú serías perfecta.

- A ver, ¿por qué piensas que habría caído en tu juego?

- Tu familia era rica y tenías dinero fácil, y muchos sellos en el pasaporte para evitar sospechas. Y porque odias a tus padres. Estabas en una fase de experimentar, querías follarte a una mujer o a un negro. Vivir aventuras. Y para comprarte el bolso Birkin.

- Mierda, acepto.

Libertad

- Voy a coger el autobús directo al Bronx, voy a irme a la pizzería Angelo y me voy a pedir un trozo enorme con todo. Pero sólo uno, porque después tenemos la típica cena de acción de gracias en casa de mi prima. Seguramente luego iremos a bailar a la sala Montecarlo. Me voy a pedir un sex on the beach con diez cerezas al marrasquino y me va a invitar algún hombre.

- Veo que tienes un plan.

-¿Sabes? Ahí fuera nadie se me va a beneficiar por una lata de pepsi.

- Que te recuerdo que aún me debes.